Entrevistador: Arquitecto Juan Molina y Vedia
Lugar y fecha: Buenos Aires, 9 de setiembre de 2005
Yo alumno - Yo arquitecto
Carlos Dodero (CD): Todos pensaban que por mandato familiar yo iba a ser médico. Mi papá había estudiado y había abandonado, mi tío era médico, el partero que la ayudó a mi vieja, era mi tío, era médico en Entre Ríos; entonces yo iba a estudiar medicina, era médico mi tío más querido, el que me regaló mi primer máquina de fotos, así que yo tenía que ser médico. Se podía hacer un curso para entrar sin ingreso estando en el Liceo en cuarto año, tercero o cuarto año, y tenían una buena sala, el Liceo tenía buenos profesores, por supuesto no me acuerdo ninguno.
JMV: ¿dónde era?
CD: En San Martín.
JMV: Ah, el Liceo Militar.
CD: Claro. Yo soy soldado tirador, especialidad en llanura. Claro, yo vivía en el sur, entonces, cuando vino el secundario ya mi viejo tenía que tener pase, era gendarme, estaba en la frontera y tenía que venir a Capital, entonces la elección era vivir con dos tías solteras y una abuela y un abuelo, o ir al Liceo Militar hasta que ellos vinieran del sur a Buenos Aires, que calculaban en dos años. Entre las dos cosas -mis tías eran un plomo total- elegí el Liceo, me parecía una aventura tipo boy scout. Me equivoqué fierísimo porque después me enteré, mis
tías en realidad regenteaban un colegio de mujeres, vivían en una punta, hubiera sido mucho más divertido que con los milicos. Después ya tenía becas, beca por estudio, beca por mi viejo gendarme, me quería ir en segundo y no podía, para irme, mi viejo tenía que pagar toda la beca, lo cual era imposible mentalmente y económicamente. Entonces seguí cada vez abandonando la beca, y cada vez más a fondo de la tabla, porque ya en tercero, si hacía cuarto y me iba en cuarto, me salvaba de la colimba, así que ya en tercero, que ya no me lo bancaba, dije… un año más, porque después peor va a ser un año o dos de colimba. Y aguanté un año más. No sabía cómo hacer para que me echaran (entonces no se podía tener previas, era muy estricto), entonces elegí Italiano que me parecía la más fácil para después tener que darla, porque yo no estaba acostumbrado a irme a examen en verano. Era un régimen muy duro para estudiar, uno no tenía ayuda, estabas internado hasta el sábado, había que estudiar solo, dependías de vos, cuando te faltaba tiempo para estudiar, yo me acuerdo, no podías escaparte, no podías faltar si era un examen, tenías que esconderte en el techo de un baño, era una vez cada mil que te podías esconder, porque era un despelote total, tenías que ir a estudiar a la noche a las tres de la mañana al baño, porque si estudiabas antes despertabas a los compañeros y se armaba también lio, era muy duro, tenías tres horas para estudiar y las tres horas estudiabas. Cuando terminé quinto año en Morón por ejemplo, con lo que estudiaba en el colectivo me alcanzaba, era facilísimo, y me guardé italiano, me costó mucho no aprobar italiano, hacerme el pelotudo, callado la boca, y todo para que no me aprobaran, porque quería que me echaran. Entonces iba a estudiar medicina, por ese legado, pero cuando casi me desmayo viendo los cadáveres, no sabía qué hacer, entonces alguien, no se sabe bien quién, encontró un cuaderno de una maestra que decía: “este muchacho dibuja bien y le gusta dibujar, va a ser algo así como arquitecto o artista”, algo así y eso mas…no sé realmente como empecé…, tal vez también mi viejo. Mi viejo en el sur, (yo tengo acá los libros de construcción de mi viejo de Editorial Construcciones) hacía casas para los marineros. No…, en el norte, en Corrientes, después lo pasaron del sur a la frontera, al río, al Uruguay, él era del Uruguay de Entre Ríos, era de río, y él hizo casas. Ya él, viejito, (ya murió)… yo hice un tour y fui a ver las casas. Hizo una docena de casas con los marineros, un proceso de autoconstrucción en el año ’45, por ahí, en Corrientes, en Paso de Los Libres, en Mocoretá, cerca de Paso de los Libres. Se vino a Buenos Aires, se compró dos o tres libros. Ayer. Ramón, mi hijo, buscando un libro sobre dosificación de hormigón encontró uno de esa época, y con esos libros hizo las casas con los marineros. Volvimos cuarenta años después y estaba todo bien; tal vez eso de verlo trabajando cuando era muy chiquito, que sé yo?, no sé cómo, pero acá ,estamos viviendo del lápiz, realmente viviendo del lápiz, a veces me preguntan ¿de qué?… del lápiz porque como no pasé a la computadora, personalmente yo vivo del lápiz, con la ayuda de todos los demás que usan la computadora, no es un orgullo te digo.
